El Ectima Contagioso Ovino

25.11.2014 18:29

ECTIMA CONTAGIOSO (OVINO)

Excmo. Sr. Don Juan Ignacio Ovejero Guisasola

Académico de Número

29 de noviembre de 2006

 

Excmos. Sres. Académicos, Excmas. e Ilmas. Autoridades, Señoras y Señores

Dentro de las múltiples disciplinas veterinarias que abarca esta Docta Real Academia, es mi deber como Académico de Número, especializado en Medicina Veterinaria, aportar en este discurso un tema adecuado a la época en que vivimos. Ha sido un gran reto personal la elección del tema sanitario, moviéndome en las pautas que todos creemos debe aportar la Real Academia de Ciencias Veterinarias.

Además de realizar el adecuado estudio sanitario de la Enfermedad elegida, he optado por ampliar brevemente todo el espectro que afecta esta enfermedad en toda la sociedad, y el posible riesgo sanitario latente que podría representar a la vista de las evoluciones en estos últimos años, de otras enfermedades en los animales. Así podemos destacar que el Ectima Contagioso es la zoonosis vírica diagnosticada con mayor frecuencia en Gran Bretaña.

En el perfil del estudio que desarrollaremos del Ectima Contagioso, podemos encontrar múltiples potenciales de riesgo, como podría ser el que afecta a muchas especies y al hombre, que el virus varía en sus formas y en sus respuestas inmunológicas, que es un virus altamente contagioso y, sobre todo, que tanto el virus como las diferentes formas que produce, ha sido poco estudiado, se ha investigado poco y en la actualidad produce unas muy grandes pérdidas económicas en todo el mundo, sobre todo en las explotaciones ovinas, pero todavía no se conoce el verdadero riesgo sanitario que su posible mutación podría ocasionar, y que se agravaría al no estar estructurada una adecuada red de alerta sanitaria.

De todos es sabida la variabilidad del virus de la gripe humana, en cuyos casos las mutaciones se sospecha que hayan sido producidas a su paso por la especie porcina y su reinfección en los hombres.

A lo largo de la historia han existido múltiples casos que han provocado graves epizootias y pandemias de gravísimas consecuencias en los animales y en los hombres como consecuencia de una mutación en el virus.

Cada vez que la ciencia ha mejorado, se han podido conocer mejor la etiología de las enfermedades, las vías de contagio, la gravedad de estas zoonosis y la dificultad de buscar soluciones a estos problemas.

Bien es cierto que el desarrollo de nuevas tecnologías ha permitido mitigar la mortalidad de muchas enfermedades y el perfeccionamiento de la profilaxis adecuada.

Estos casos y otros han hecho que tanto los Organismos Sanitarios Nacionales como Internacionales hayan ido investigando más profundamente, hayan creado Laboratorios de Referencia Nacionales e Internacionales, y hayan acelerado cuando el problema ha sido evidente, la búsqueda de las mejores soluciones, para poder controlar estos problemas y, excepcionalmente, erradicar la enfermedad en el mundo, cuyo mayor éxito ha sido la Viruela humana, cuyo virus tiene muchas similitudes con el del Ectima Contagioso.

Todo esto me conduce a señalar que si somos capaces de controlar adecuadamente los principales problemas sanitarios y, hasta en muchos casos erradicar las enfermedades, como es el caso de España con la Peste Porcina Africana, la Peste Equina, etc.., ¿por qué no somos capaces de percibir peligros potenciales y tomar las adecuadas medidas sanitarias profilácticas?

Creo evidente que uno de estos casos es el ECTIMA CONTAGIOSO que, aunque no sea el único y tengamos en la actualidad otros problemas sanitarios muy graves y en los que hemos avanzado vertiginosamente en la búsqueda de soluciones, hay otras enfermedades casi olvidadas, y que merecerían mayor atención en investigación y control.

Para comenzar el estudio del Ectima Contagioso, nos encontramos con una enfermedad vírica, con un genoma ADN de la familia Poxviridae y del género Parapoxvirus. Su presentación en el hombre se produce sobre todo en los ordeñadores, provocando nódulos y recibiendo el nombre de “seudo viruela”.

En los países con más producción ovina, y en el que más se ha estudiado, como puede ser Nueva Zelanda, los casos humanos han ido en aumento, y así vemos que en 1975 sólo se detectaron 2 casos, pero ya en 1979 se detectaron 143, sobre todo en operarios de frigoríficos.

A la vista de este sospechoso incremento, y con el fin de conocer el incremento real de esta enfermedad, se realizó un estudio de vigilancia en el año 1983 sobre 18 mataderos, y se encontró que en el correr del año se habían presentado 231 casos, equivalente al 1,4% de incidencia, y, aunque existieron 18 preinfecciones, nunca los afectados mostraron gravedad de esta enfermedad. También en otros países han sido infectados médicos, veterinarios, pastores, esquiladores, etc…

En el hombre el período de incubación dura de 3 a 7 días. Las lesiones es frecuente que se localicen en los dedos, las manos u otras partes descubiertas del cuerpo que pudieran haber estado en contacto con el material infectado. En el lugar de penetración se produce una lesión papular que se convierte en pústula pudiéndose producir una adenopatía. Si no se produce infección secundaria, la lesión se cura entre 2 y 4 semanas.

En raras ocasiones en el hombre se puede producir una erupción vesiculopapular generalizada con un prurito intenso y, aunque sean poco frecuentes, se pueden producir lesiones oculares.

Este virus afecta sobre todo a los animales, y esta Enfermedad se da en ovinos, caprinos, bovinos, camellos, alpacas, ardillas y se han estudiado casos también en perros y otras especies animales.

Hay áreas enzoóticas en todo el mundo, donde la enfermedad se repite anualmente. En Nueva Zelanda se hizo un estudio de la tasa de corderos afectados por la enfermedad en el momento de su sacrificio en dos mataderos. De 6.300.000 corderos sacrificados durante tres años, en un 0,5% se observaron lesiones de Ectima Contagioso Ovino, con un pico de un 2,2% en los primeros meses de verano. Por extrapolación de los resultados se estima que en un año se encontrarían 1.250.000 corderos con lesiones en Nueva Zelanda (Robinson, 1983).

La enfermedad del Ectima Contagioso Ovino está distribuida en todos los lugares donde se cría ganado ovino y caprino. La incidencia puede ser tan alta como del 90%, ocasionando en el mejor de los casos unas pérdidas económicas muy importantes.

La mortalidad es baja y se suele producir por la extensión de las lesiones al aparato respiratorio, aunque en casos en que las explotaciones ovinas estén descuidadas higiénicamente, la mortalidad puede ascender hasta el 15% de los corderos, si se complica con una infección secundaria o una soriasis cutánea. En los raros brotes en que se produce una invasión sistémica, la mortalidad es del 25% por término medio, y puede llegar al 75%, según datos históricos recopilados en diversa bibliografía.

Una de las características del virus es que resiste la desecación y es capaz de sobrevivir a temperatura ambiente hasta 15 años. Entre los animales de explotaciones ganaderas, las ovejas, cabras y bovinos son infectados de forma natural. El virus puede pasarse también por conejos, como se ha podido demostrar experimentalmente si se colocan grandes dosis de virus en la piel escarificada. También en el embrión de pollo de 9 a 12 días se ha podido demostrar que produce lesiones corioalantoideas.

La enfermedad es más común en corderos de 3 a 6 meses de edad, aunque pueden ser afectados los corderos de 12 a 13 días de edad y los animales adultos. Los brotes pueden ocurrir en cualquier época del año, pero son más frecuentes en tiempo seco, cuando los ovinos están en los pastos. Los animales que se recuperan suelen adquirir una inmunidad sólida durante 1-2 años, pero no parece que los anticuerpos pasen al calostro y, por lo tanto, los corderos recién nacidos de madres inmunes son susceptibles de infección.

La transmisión en un rebaño es muy rápida y ocurre por contacto con otros animales enfermos, a través de pequeñas rozaduras o heridas que tengan los animales, microtraumatismos y también objetos inanimados, tales como alicates de marcar las orejas, enmasculadores produciendo un brote de lesiones en las colas. Las costras permanecen infectivas durante largos períodos y por eso la permanencia de esta enfermedad en un rebaño puede ser el resultado de lesiones erosivas que sobreviven por largos períodos de tiempo en los animales.

El cuadro clínico presenta una evolución ampliamente descrita por diversos autores en distintas publicaciones.

Después del período de incubación breve aparecen los primeros síntomas que pueden desarrollar principalmente tres formas clínicas.

La presentación de la forma labial del Ectima Contagioso en el ganado ovino es la presentación más conocida de la enfermedad, por lo que esta evolución tiene su propia denominación conocida como “boquera” con la que nuestros pastores conocen e identifican esta proceso patológico.

La presentación labial es casi exclusiva de los corderos y cabritos, dándose la mayor incidencia en animales entre 5 y 15 días de vida, siendo esta evolución notablemente más rara en animales de mayor edad.

Los primeros síntomas que podemos observar son la aparición de pápulas que progresan en sus etapas patógenas hacia la forma vesicular y pustular, para finalmente formar las costras características.

Las lesiones aparecen primeramente en las encías, bordes linguales, comisuras de los labios y ollares, aumentando posteriormente su grosor y dureza impidiendo mamar correctamente al cordero y al cabrito.

Esta circunstancia va a determinar en primer lugar bajas por muerte en los corderos y cabritos si no son alimentados adecuadamente.

En segundo lugar, y esto es lo más frecuente, es que los corderos y cabritos tengan unas importantes pérdidas en su desarrollo, lo que significa unas pérdidas económicas significativas en los rebaños.

Y por último, también se produce la transmisión de la enfermedad a la madre al mamar, además de las complicaciones por infecciones bacterianas que se producen en este proceso, que producirá un agravamiento y un aumento de la mortalidad.

Otra forma de presentación de esta enfermedad es la presentación podal, que es quizás más frecuente de lo que se podría pensar, dado que tanto las ovejas como las cabras tienen frecuentes erosiones y heridas en las patas y, además por estas zonas puede entrar fácilmente en contacto con el material infeccioso que albergan las camas.

Las lesiones se localizan en las pezuñas, normalmente en la región interdigital y alrededor de la corona. En estos en los que la pezuña es el lugar de asentamiento de las lesiones primarias, sugiere que los animales sufran de erosiones cutáneas que permitan la entrada y el desarrollo del virus en estas zonas, debido a diversos factores como pueden ser los terrenos pedregosos, rastrojos, humedad de las camas en los establos, mala manipulación en la limpieza de los cascos, etc….

También a través de estas lesiones primarias es mucho más frecuente la presentación del Pedero, con varias consecuencias clínicas y económicas importantes, de cuyo proceso no vamos a hablar, por no ser el tema de nuestro estudio.

Otras evoluciones del Ectima Contagioso en los ovinos es la presentación mamaria o genital. Las primeras lesiones suelen producirse en las ubres como consecuencia del contagio de las ovejas por los propios corderos infectados, o también como consecuencia de un ordeño incorrecto.

Debido al dolor por las lesiones producidas (pápulas, vesículas, costras), las madres no dejan mamar a sus hijos, de tal forma que éstos intentan alimentarse de otros animales, diseminando así el virus por la explotación.

Además cabe resaltar el riesgo de mamitis que existe, al aprovechar la lesión primaria los gérmenes, en su mayoría Estafilococos y Estreptococos, para penetrar en las glándulas mamarias e incrementar el cuadro clínico-patológico de los animales infectados por el Ectima Contagioso, afectando tanto a la disminución en la producción de leche, como al incremento en la mortalidad.

Con cierta frecuencia las lesiones producidas en la ubre pueden extenderse a las caras internas de las patas, llegando a alcanzar los labios vulvares, lo que ocasiona a su vez la infección de los machos en el momento de su monta. Esta infección en los machos ocasiona lesiones en el prepucio, que provocarán a su vez dificultades en las posteriores cubriciones, lo que va a determinar una bajada en la fertilidad con el consiguiente retroceso de los índices reproductivos del rebaño afectado.

El diagnóstico suele ser fácil basándose en los síntomas clínicos característicos, para un veterinario clínico especializado. Sin embargo es posible que el cuadro clínico sea atípico y se necesite realizar un diagnóstico diferencial de laboratorio.

El método más adecuado y exacto en el laboratorio suele ser por microscopía electrónica en busca de las partículas víricas. El aislamiento del virus en cultivos celulares suele ser menos utilizado porque hay que realizar varios pases ciegos antes de obtener un efecto citopático. También se han utilizado técnicas de gel precipitación, fijación de complemento, del test Elisa, así como otras técnicas serológicas para determinar la respuesta de los anticuerpos en la inmunidad humoral, pero es sobre todo la prueba de la sero-neutralización la más utilizada para diagnosticar la enfermedad y para distinguir antigénicamente el tipo de virus.

En el mejor de los casos el diagnóstico diferencial es a través de la identificación del agente etiológico mediante la microscopía electrónica o la sero-neutralización, para diferenciarla de la Viruela Ovina y del Pedero, aunque el diagnóstico clínico conduce más a confundirlo con los síntomas de la dermatitis ulcerativa y la necrobacilosis, si el Veterinario no tiene suficiente experiencia de clínica de campo.

Para la prevención y control de la enfermedad se debe actuar eficazmente mediante una profilaxis tanto sanitaria como vacunal, que resuelve esta problemática y mejora los resultados económicos de todos los rebaños afectados.

A continuación pasamos a enumerar una serie de medidas profilácticas que ayudarán a mantener la explotación libre de Ectima Contagioso, y en el caso de que el rebaño estuviera infectado permitiría su control.

 

Medidas de profilaxis sanitaria:

§ En primer lugar sólo introducir animales que ofrezcan una total garantía de no ser portadores de la enfermedad,

§ Dado que el contacto es fundamental para la difusión de la enfermedad, es conveniente la separación en lotes de los corderos.

§ Como las costras pueden conservar el virus por mucho tiempo, deberá sacarse la basura de los locales a ser posible después de cada paridera.

§ La desinfección de locales y utillaje con un producto viricida que sea activo en presencia de materia orgánica, proporcionará una disminución de la carga vírica de la explotación.

§ Un buen manejo de la alimentación en los animales facilitará un buen funcionamiento del sistema inmunitario y por lo tanto una mayor resistencia de los animales a la infección.

§ La buena higiene durante el ordeño impedirá la propagación de la enfermedad, especialmente en su forma mamaria.

§ El empleo de inmunomodulares en los primeros días de vida de los animales mejorará notablemente la resistencia de los animales a las infecciones, tanto del Ectima Contagioso Ovino, como de otras infecciones que son las responsables de más del 80% de las bajas durante los primeros 15 días de vida, tanto en corderos como en cabritos.

 

Medidas de profilaxis vacunal.- Es, sin duda, el arma más eficaz que tenemos en la lucha contra esta enfermedad que tan graves pérdidas económicas ocasiona en la actualidad en el ganado ovino y caprino.

Para obtener los mejores resultados debemos considerar que en la vacunación es importante tener en cuenta:

§ El virus, y como consecuencia la cepa vacunal, es extremadamente dermotropo, por lo que la vía de administración será la escarificación, la vía intradérmica o la subcutánea.

§ Utilizar en la vacuna una cepa vacunal con alto título de virus.

§ Casi nula transferencia de la inmunidad de la madre a las crías.

§ La vacunación de las madres con suficiente antelación a la paridera evitaría la presencia de virus durante el período de cría.

 

Mediante la vacunación apoyada en medidas generales de profilaxis sanitaria, siendo constantes en su aplicación, es posible conseguir la erradicación del Ectima Contagioso, dado que no podemos olvidar, como hemos citado anteriormente, que la vacunación fue la que por su aplicación sistemática, provocaba una respuesta inmunitaria, y fue capaz de erradicar la viruela humana, y además que en ambos casos nos encontramos con virus del grupo de los poxvirus.

Recientes estudios realizados en la Universidad de Leuven, Bélgica, en el año 2005, estudian un Orf virus, que es un virus miembro de la familia Parapoxvirus, que habían infectado a ovejas, cabras y al hombre, desarrollando el estudio de la acción de diversos principios activos y su actuación contra el virus en cultivos celulares.

También existen estudios realizados en el año 2005 en la Universidad de Bolonia, que señalan un incremento del Ectima Contagioso en ovinos adultos, señalando frecuentes casos de mortalidad y, sobre todo, indicando las dificultades de diferenciación con casos de Lengua Azul, debido probablemente a que las zonas de la boca afectadas, al tener una alta vascularización, puede confundir el diagnóstico clínico.

Un último aspecto a desarrollar en esta exposición es la heterogenicidad de los aislamientos del virus del Ectima Contagioso. Ya en el año 1984 Buddle et al. detectaron que en los ensayos por sero-neutralización 4 tipos de virus aislados de diferentes orígenes, la sero-neutralización se producía de forma variable, y que en las reacciones cruzadas la respuesta era unilateral, pero no bilateral, con los antisueros obtenidos en los aislamientos del virus. Llegando a la conclusión de que estudiando el virus se podrían llegar a diferenciar hasta 4 grupos, existiendo otros autores que apuntan a 6 grupos de virus. En cualquier caso está claro que este virus es complejo y cambiante antigénicamente, por lo que sería necesario un seguimiento constante de su evolución.

A modo de conclusión me gustaría destacar que el Ectima Contagioso es en primer lugar una zoonosis, en segundo lugar que afecta a muchas especies animales, tanto domésticas como salvajes; tercero, que la composición del virus es muy compleja y variable antigénicamente; cuarto, que es un virus en lenta pero constante expansión en el mundo, especialmente en los países con poblaciones ovinas importantes, entre las que está España; quinto, el Ectima Contagioso hasta este momento se caracteriza por su muy alta morbilidad y baja mortalidad en la población ovina; y sexto, no existe un suficiente esfuerzo sanitario por controlar y erradicar esta enfermedad.

Además de otros muchos razonamientos científicos, creo que debemos de ser los veterinarios los que tratemos de controlar esta enfermedad en las explotaciones ovinas y caprinas especialmente, para, con nuestro trabajo, mejorar el rendimiento económico de estas explotaciones.

Pero por último el Profesional Sanitario en general, no debe olvidar nunca que estamos tratando con una zoonosis, con un virus complejo que afecta a muchas especies animales, que todos estos factores afectan por pura razón estadística la mutabilidad del virus, que al poder afectar al hombre, los controles y alarmas sanitarias en los países de mayor riesgo deberían de estar activadas al máximo, cosa que no ocurre en la actualidad, y se debería realizar ante el potencial riesgo sanitario que se nos podría presentar en cualquier momento por un incremento de patogenicidad por mutación vírica tanto en los animales como en el hombre.

Mi agradecimiento al Dr. Miguel Ángel Navarro, experto veterinario clínico español, cuyos consejos y datos me han facilitado mucho la actualización del Ectima Contagioso Ovino en el campo.

Muchas gracias.